Verdad pública · Manifiesto inaugural

Postverdad: cuando la verdad también necesita ser defendida desde el Sur

Un archivo vivo para pensar quién produce la verdad pública, qué voces quedan fuera y cómo aprendemos a defender el juicio crítico.

Por Saber, Poder y Sur

Vivimos en un tiempo en que la verdad circula más rápido de lo que podemos examinarla. Llega fragmentada en titulares, videos breves, cadenas de mensajes y afirmaciones diseñadas para provocar una reacción antes que una pregunta. Nunca habíamos tenido acceso a tanta información y, sin embargo, distinguir, comprender y responder parece cada vez más difícil.

La posverdad suele explicarse como una época de noticias falsas. Esa definición es insuficiente. Las mentiras no son nuevas. Lo particular de nuestro presente es la forma en que emociones, intereses económicos, tecnologías de recomendación y narrativas de poder pueden organizar lo visible, premiar la repetición y desplazar la responsabilidad por lo que se afirma. El problema no es sólo que algo falso consiga circular. Es que se debiliten los criterios compartidos para contrastarlo; que la memoria pierda frente a la novedad; que la indignación sustituya la interpretación; que la verdad pública termine medida por su capacidad de volverse tendencia.

Saber, Poder y Sur nace dentro de esa disputa.

Este proyecto está vinculado a mi investigación doctoral sobre colonialidad del saber, currículo y comunicación en la educación superior colombiana. Hacer pública la tesis no significa reducirla a mensajes rápidos ni volver espectáculo sus conceptos. Significa asumir que una investigación sobre conocimiento y poder no puede permanecer encerrada en el mismo circuito que examina. Si la universidad pregunta por la sociedad, también debe encontrar lenguajes para conversar con ella.

Desde la Filosofía de la Liberación, Enrique Dussel mostró que todo pensamiento parte de una situación histórica, aunque ciertas tradiciones hayan logrado presentar su propio lugar como si fuera el punto de vista universal. Aníbal Quijano permitió comprender que la independencia política no deshizo las clasificaciones coloniales que ordenan cuerpos, territorios y conocimientos. El campo reunido por Edgardo Lander bajo la crítica de la colonialidad del saber hizo visible una pregunta decisiva: ¿quién recibió autoridad para describir el mundo y quién fue convertido en objeto de esa descripción?

La crisis contemporánea de la verdad también debe leerse desde allí. No todas las voces ingresan en igualdad de condiciones al espacio público. Algunas instituciones, lenguas y formas de conocimiento llegan investidas de credibilidad; otras deben demostrar, una y otra vez, que merecen ser escuchadas. Hay comunidades que han sido narradas por informes, medios y disciplinas sin tener el mismo derecho a narrarse desde sí mismas. Por eso la verdad no se defiende únicamente corrigiendo datos. También se defiende revisando las relaciones que deciden qué cuenta como evidencia, quién puede hablar como experto y qué memorias son tratadas como prescindibles.

Las epistemologías del Sur, asociadas entre otros al trabajo de Boaventura de Sousa Santos, parten de una constatación incómoda: la diversidad del mundo es mayor que la diversidad de conocimientos reconocida por las instituciones. Esto no obliga a idealizar todo saber excluido ni a renunciar al contraste crítico. Obliga a construir conversaciones menos asimétricas, capaces de relacionar investigación científica, experiencia histórica, memoria territorial y responsabilidad ética sin reducir unas formas de conocimiento a decoración de las otras.

Aquí la universidad tiene una tarea que no puede delegar. Transmitir información ya no basta. Formar implica aprender a preguntar quién produce un mensaje, qué intereses lo atraviesan, qué evidencia presenta, qué omite y qué consecuencias puede tener su circulación. Requiere alfabetización mediática e informacional, pero también algorítmica: comprender que las plataformas no son canales neutrales y que sus sistemas de selección intervienen en lo que vemos, recordamos y consideramos relevante.

El currículo participa de esta disputa. No es una lista inocente de contenidos. Organiza tiempos, fuentes, autoridades y silencios; establece qué problemas merecen estudio y qué experiencias quedan fuera del aula. Un currículo forma criterio tanto por lo que enseña como por aquello que vuelve improbable preguntar. Examinarlo como dispositivo de poder no significa negar su función pedagógica, sino hacerla responsable ante la pluralidad de vidas y conocimientos que conforman la universidad.

La comunicación tampoco es el último paso de una investigación terminada. Es un terreno donde se producen representaciones, se estabiliza el sentido común y se disputa la verdad pública. Por eso este proyecto adopta la investigación-creación y la apropiación social del conocimiento como formas de pensamiento. Un podcast no es simplemente un resumen hablado; una cartografía no es una ilustración; una imagen no es un adorno. Cada lenguaje permite formular preguntas que el texto académico, por sí solo, no siempre alcanza a escuchar.

Este sitio es, entonces, un archivo vivo. Reúne voces, mapas, episodios, imágenes y reflexiones para seguir la relación entre saber, poder y verdad sin clausurarla. No ofrece un refugio de certezas puras. Propone un lugar para detener la velocidad, devolver contexto a las palabras y hacer visibles las condiciones desde las cuales conocemos.

Abrir públicamente este proceso doctoral es asumir una responsabilidad cultural: formar criterio sin dictar obediencia; disputar la desinformación sin fabricar otra ortodoxia; defender los hechos sin separarlos de la justicia, la memoria y los territorios donde adquieren sentido. En tiempos de repetición automática, pensar desde el Sur es proteger la pregunta crítica y ampliar el derecho colectivo a producir verdad.

Un archivo está vivo cuando no guarda la verdad bajo llave, sino cuando nos enseña a responder públicamente por ella.

Base conceptual consultada

  • Enrique Dussel, Transmodernidad e interculturalidad: Interpretación desde la Filosofía de la Liberación.
  • Enrique Dussel, “Europa, modernidad y eurocentrismo”, en La colonialidad del saber, volumen editado por Edgardo Lander.
  • Aníbal Quijano, “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”.
  • Materiales editoriales del proyecto sobre pensamiento situado, currículo como campo de poder, investigación-creación y archivo vivo.

Las referencias a epistemologías del Sur, posverdad y alfabetización algorítmica están formuladas como síntesis conceptuales, sin citas textuales.